"Para toda la vida". Fueron las palabras con que aquel hombre terminó de enamorar a esa hermosa mujer, y es que su amor era la envidia del pueblo, su felicidad irradiaba pese al tiempo. En aquellos años la mujer era forzada a al matrimonio para la unión de las familias sin derecho alguno a protestar. Sin embargo, Gladys tenia la suerte de corresponderle a un buen hombre, sencillo y trabajador, romántico de palabra y piel...
"No sabes cuanto he esperado para este bello momento. Tú junto a mi en este incomodo establo, con este incomodo olor proveniente de los animales que aprecian como soñamos despiertos. Gladys... te amo, y se que tu a mi. Quisiera aprovechar este momento, en este horrible lugar que nos esconde de tu padre para pedir tu mano en matrimonio, por favor acepta este humilde anillo de compromiso tallado en arrayán. Gladys... casate conmigo."
Sus palabras resonaron en la mente de Gladys, que con lagrimas en los ojos aceptó sin vacilar, y es que aquel hombre era todo lo que deseaba, todo lo que necesitaba...
A solo dos meses de la boda, la adorable pareja tuvo una discusión, nada que pueda ser de tu interés. El salió con la frente en alto y decidido a quien sabe que. Ella por su parte se quedó llorando en silencio.
Pasaron los días, y no había rastro de aquel hombre, la desesperación se hizo presente, pero la respuesta de su paradero no tardó en llegar.
Carlos, un hombre de altura media se presentó frente a su puerta para traer la buena nueva.
"Mujer... aquel hombre que te juró amor eterno, aquel hombre que te prometió el cielo y la tierra por la eternidad, se ha ido con otra mujer muy lejos de aquí. Escuche decirle al barman de la cantina que se largaría lejos, que jamas volvería. Lamento ser yo quien tenga que contarte esta triste noticia, pero si lo hago es por una razón especial. Te he amado desde el primer día que te vi, no te prometo ni el cielo ni la tierra, pero si el estar a tu lado por el resto de mi vida para protegerte y cuidarte de que nada malo te suceda. Cásate conmigo, a tu padre le puedo ofrecer una buena cantidad de tierras para trabajarla y a ti una bella casa en la que viviremos"
Durante esos meses, Gladys entre el resentimiento y amor que sentía en su cálido corazón, vio en Carlos la posibilidad de ser feliz, un hombre que la aceptaba pese a su falta de virginidad, un hombre que la acompañó en su momento mas duro.
llego el día de la boda, maravillosa como ninguna antes vista en el pueblo. Palomas blancas, maíz y un gran banquete para los cientos de invitados. Gladys se sentía en un sueño que poco a poco opacaba el sentimiento hacia su gran amor...
Al atardecer del día siguiente se presenta frente a su nueva casa, su gran amor, aquel que la abandonó por otra mujer.
"Por que me hiciste esto mujer" le dijo aquel hombre con lagrimas en los ojos.
"tu me abandonaste, me dejaste por otra mujer dejándome a la espera de tu llegada, te esperé por mes y medio hasta el día de nuestra boda, pero jamas apareciste. Pese a tu infidelidad tenia la esperanza de que llegaras, estaba dispuesta a perdonarte..." Le responde Gladys.
"Estos dos meses estuve en un fundo a dos pueblos de aquí construyendo el que sería nuestro hogar, plantando aquellos rosales que tanto te gustan, colgando la hamaca que siempre quisiste tener bajo los ciruelos que añorabas. Era una sorpresa, le pedí al cantinero que te diera la noticia que me había ido a un pequeño viaje de negocios, que el día de nuestra boda te esperaría bajo el nogal en que nos besamos por primera vez. Me pasé el día esperando con el sacerdote para que este bello momento fuera intimo y solo de los dos... Espero que seas feliz con ese hombre, espero que te pueda dar lo que no pude. Te amo, por favor no te olvides de eso." Fue lo que dijo aquel hombre triste antes de desaparecer del pueblo.
Gladys se dio cuenta de su error, del engaño que había sufrido. Ante las leyes morales de la sociedad en ese entonces, decidió seguir con este matrimonio, pero su vida jamas fue feliz, no se realmente que pasa hoy en día en su cabeza. Después de 40 años la veo en cada cena familiar con esos melancólicos ojos caídos, esa sonrisa invertida y su visible amargura frente a la vida. Tres hijos y dos nietas no fueron suficiente para aplacar ese dolor...
Espero algún día volver a ver en su rostro esa pequeña sonrisa que esbozó cuando su marido falleció, esa micro expresión que aparecía cada vez que miraba al cielo...
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