Otra historia de amor, que cae en desamor, es lo desalentador de aquel desenamorado que quiere volver a amar a quien no le ama, pero que con esmero cree que su amorío será un amor correspondido…
Así comienza esta pequeña historia de un joven cuyo nombre no importa y cuya apariencia es lo de menos, un joven de poca sociabilidad pero con un exitoso futuro predecible.
Es en su habitación donde por primera vez su cuerpo se paraliza y su corazón se agita con tal ritmo, que se compararía con la pieza más valiosa de Beethoven. Y no es para menos, si frente a sus ojos, mirando desde la ventana se logra divisar a una hermosa mujer, de facciones excepcionales, cuyo largo cabello y hermosa sonrisa podrían ser fácilmente enmarcadas para quedar en la historia junto a la mona lisa… sus largas y delgadas piernas caminan con una femineidad que envidiarían las más hermosas competidoras del miss universo… y sus ojos… esos bellos ojos que son enmarcados por unas delgadas y oscuras cejas podrían iluminar el cielo para no oscurecerlo jamás…
El joven enamorado entra en desesperación por saber su nombre, por tenerla y abrazarla… inútilmente intenta llamar su atención golpeando con un lápiz el marco de su ventana, pero ella sin saber lo que en ese entonces está provocando, sigue su rumbo a quien sabe dónde… desaparece, desaparece de su vista… pero aun él la ve y la siente presente en su mente.
El joven enamorado entra en desesperación por saber su nombre, por tenerla y abrazarla… inútilmente intenta llamar su atención golpeando con un lápiz el marco de su ventana, pero ella sin saber lo que en ese entonces está provocando, sigue su rumbo a quien sabe dónde… desaparece, desaparece de su vista… pero aun él la ve y la siente presente en su mente.
Paso la noche sin dormir, pensándola… ¿Quién sería?, ¿Cómo sería?... son las interrogantes que ingenuamente intentaba responder con solo su recuerdo, pero que en el fondo sabía que debía hacer algo más. Por la mañana abre los ojos, pero no para despertar, ya que jamás durmió, simplemente los cerraba para visualizarla y sentirla cerca, pero cuando los abría la nostalgia de no tenerla es sus brazos le ennegrecía el corazón…
Pasaron los días y aquella chica de forma rutinaria se hacía presente en el mismo lugar y a la misma hora… una, dos, tres semanas y el chico apoyado en aquel marco de ventana, esperaba a que el valor y la confianza tocaran su puerta para poder tener un primer contacto… pero nunca llegaron…
El joven luego, comprendió que aquello no podía ser eterno, y que algo debía hacer. Esperó y esperó hasta que la musa de sus sueños apareció como de costumbre, bajó las escaleras y se dispuso a seguirla. El dulce aroma de su perfume quedaban en el aire, y aquello le bastaba a nuestro joven enamorado para que su presencia se hiciera presente en su interior…
Ella se detuvo en una plaza y sacando un libro de poemas, se recostó en el pasto, formando una hermosa figura artística para el joven que la observaba de lejos… le temblaban las piernas, pero con gran determinación se puso en rumbo a ella, con los ojos cerrados y con un claro pero tierno tartamudeo se presentó: “humildemente me presento ante ti hermosa dama, para decirte que tu presencia me cautiva, me llena de alegría a la distancia y la intriga de conocerte le da un hermoso sentido a mi vida vacía, si tan solo pudiera saber tu nombre, podría irme en paz a casa para repetirlo cien veces en mi mente, para escribirlo en todos tamaños y caligrafías en mi pared…”-.
Pasaron los días y aquella chica de forma rutinaria se hacía presente en el mismo lugar y a la misma hora… una, dos, tres semanas y el chico apoyado en aquel marco de ventana, esperaba a que el valor y la confianza tocaran su puerta para poder tener un primer contacto… pero nunca llegaron…
El joven luego, comprendió que aquello no podía ser eterno, y que algo debía hacer. Esperó y esperó hasta que la musa de sus sueños apareció como de costumbre, bajó las escaleras y se dispuso a seguirla. El dulce aroma de su perfume quedaban en el aire, y aquello le bastaba a nuestro joven enamorado para que su presencia se hiciera presente en su interior…
Ella se detuvo en una plaza y sacando un libro de poemas, se recostó en el pasto, formando una hermosa figura artística para el joven que la observaba de lejos… le temblaban las piernas, pero con gran determinación se puso en rumbo a ella, con los ojos cerrados y con un claro pero tierno tartamudeo se presentó: “humildemente me presento ante ti hermosa dama, para decirte que tu presencia me cautiva, me llena de alegría a la distancia y la intriga de conocerte le da un hermoso sentido a mi vida vacía, si tan solo pudiera saber tu nombre, podría irme en paz a casa para repetirlo cien veces en mi mente, para escribirlo en todos tamaños y caligrafías en mi pared…”-.
“Natalia”- respondió con una hermosa sonrisa en su rostro y sus ojos cerrados y arqueados expresando una simpatía acogedora: “y por favor no te vayas”- prosiguió la musa…
Aquellas palabras recorrieron el cuerpo del joven y se repitieron en un eco sin fin en su cabeza, congelado no supo que hacer, no supo que decir, simplemente se sentó junto a ella y se echó a llorar. Aquel joven entendió lo duro que es el amor, y como las decisiones que uno toma afectan drásticamente el fin de las cosas… lo había logrado, claro… pero el tiempo correcto le jugó en contra… un hermoso anillo de compromiso relucía en la mano izquierda de la chica, no estuvo ayer ahí, tampoco hace un mes, pero hoy se hizo presente para destrozar los sueños de aquel joven, no entendía como el amor puede ser el motor de la vida, si es fácil de corromper, como se podría volver a amar… si el desamor viene al asecho… no quería su amistad, no quería su consuelo de “algún día encontraras a alguien más”, él, la quería a ella…, pero ella… a alguien más.
Aquellas palabras recorrieron el cuerpo del joven y se repitieron en un eco sin fin en su cabeza, congelado no supo que hacer, no supo que decir, simplemente se sentó junto a ella y se echó a llorar. Aquel joven entendió lo duro que es el amor, y como las decisiones que uno toma afectan drásticamente el fin de las cosas… lo había logrado, claro… pero el tiempo correcto le jugó en contra… un hermoso anillo de compromiso relucía en la mano izquierda de la chica, no estuvo ayer ahí, tampoco hace un mes, pero hoy se hizo presente para destrozar los sueños de aquel joven, no entendía como el amor puede ser el motor de la vida, si es fácil de corromper, como se podría volver a amar… si el desamor viene al asecho… no quería su amistad, no quería su consuelo de “algún día encontraras a alguien más”, él, la quería a ella…, pero ella… a alguien más.
Fin.
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